Gustavo Adolfo Ramírez

¿Y si Dios fuera amarillo?

Fotografías:
Cristina Abad
- Escrito Por:
Juan Sebastián Salazar
Relatos Amarillos pódcast RTVC Gustavo Adolfo Ramírez taxista Cali Colombia

Primero. Yo soy Ingeniero Industrial. Y en medio de tantas cosas se cerraron las puertas, entonces estudié Visita Médica y, también, no se pudo. En ese tiempo saqué la Licencia de Conducción, pero la saque para la casa, por si algo pasaba, no para manejar taxi, pero, mire… No pensé: desde el año 1996 –imagináte, cuando la mínima costaba sesenta centavos en Palmira– hasta hoy, 2021, que me cogió manejando taxi. 

Hermano, es que este trabajo es muy seductor.

Ahora sí le echo el cuento. Yo soy de Palmira, pero decidí vivir en Cali por muchas variables, una de ellas fue el estudio de la niña, porque ella se demoraba como tres horas y media para llegar a la casa. ¡Muy duro! ¡Siete horas perdidas en un transporte!

Cuando nos vinimos para acá yo me quedé trabajando aún en Palmira, como unos seis meses… Y no… era muy complicado. No, ¡pero muy duro! Entonces me acomodé en Cali, una ciudad que lo absorbe a uno. Le explico:

Yo de aquí salgo por la mañana y de un par de patadas ya es mediodía. Entonces… Así como amanece, así anochece… ¡Y en las noches! La noche de Cali, hermano… Claro, da mucho más miedo que la noche de Palmira. Uhhhh… Hermano, es que en este oficio hay que aprender los códigos: los lugares, medir a los que se suben, el que se sube solo… Por ejemplo, el que lo lleva a uno dando vueltas, eso me bloquea: yo inmediatamente digo Con todo respeto, pero para dar vueltas lo hago con mi esposa. 

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Otra cosa es cuando se montan y yo:

—¿A dónde vamos, mijo?

—Dale derecho.

—No, yo no trabajo así. Dígame a dónde vamos.

—Dale derecho…

—No, venga, yo lo llevo donde lo recogí.

Y así es la cosa. ¡Chao! O también están los que pagan el doble de la tarifa… Yo a veces no quiero coger un servicio y pido el doble de que lo que cuesta, pido más… Y si la persona dice vamos, ¡no lo llevés que te va a robar!

No, hermano. No, aquí en Cali… Por ejemplo, yo antes de pandemia trabajaba mucho en el Valle de Lili, y una vez recogí a una señora recién operada, que estaba medio ida, eso como a la medianoche. Se monta y me dice que va para Mojica 1… No, ¡y yo cómo hago ahora! Yo no voy para allá; no me gusta. Pero, bueno, ya qué. Ahí le escribí a mi mujer: Voy para Mojica 1, para que estés pendiente. Y, hermano, este carro es chiquito, y yo en esas calles apretadas, y ellos No, que déjenos en la mitad, pero tengo cuidado en la reversa. Y no había calles delimitadas. ¿Y ahora cómo salgo de aquí? Y ya cuando salí de ahí, de Cuatro Esquinas, descansé, pero, no, allí todavía es caliento. Pero cuando empecé a llegar a Ciudad de Cali… ¡Uf!

Vea, mijo. Yo he vivido balaceras. Yo he estado en medio de las balaceras. No, eso es un calentón muy tenaz. Yo he cogido a los pelaos con sus chapuzas, forcejeando, hermano. Y me han alcanzado a puntear… Así.

El trabajo es esclavizante; a veces te mama, a veces no quieres ni salir… Pero, bueno, yo este oficio no lo haría sin Dios. Dios me ha guardado. 

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