Andrés Agredo

Detrás de cualquier volante hay un amarillo

Fotografías:
Julio Barrera
- Escrito Por:
Juan Sebastián Salazar
Andrés Agredo / Bogotá, taxista - Relatos Amarillos

Pues… Yo había pasado por una serie de dificultades… ¡Ag! Bueno… Yo fui drogadicto; entre comillas fui “habitante de calle”. Comencé desde los catorce años. Y pasé por una serie de cosas… Bueno, cuento la historia desde el inicio:

Me crié en un barrio muy marginal, en Santa Cecilia. Ahí fue cuando empezó todo. No me crié en un hogar convencional: mi papá era un atrevido completo: en varias ocasiones casi mata a mi mamá. Tenía muchas dificultades con ellos y, por eso, yo creo, empecé a tomar la droga: terminé atareado, golpeado, con la cabeza rota. Fui pandillero, dormí varias veces en la calle. Conocí la ‘L’, el antiguo Cartucho. Yo conozco ese mundo.

Es que yo era demasiado problemático: casi siempre actuaba con acciones de hecho. Yo era demasiado… inculto… demasiado troglodita. Así estuve casi diez años. Y a raíz de eso me querían matar.

Decidí empezar a lavar carros y luego empecé a manejar bicitaxis, y lo hacía siguiendo con las drogas y –entrecomillas– con “la dilencuencia”; no podía dejarlas. Un día unos compañeros taxistas me dijeron que por qué no manejaba taxi, entonces empecé a conducir, pero no podía dejar las drogas: seguía con el perico, la marihuana… Y a raíz de eso estuve a punto de matarme dos veces. Recuerdo que en una de esas yo estaba parado en el puente de Bogotá-Chía y algo me dijo que era momento de cambiar, que tenía que parar ese proceso. Ahí le pedí a Dios que me generara algo, y sí, de ahí salí… y lo hice junto con el taxi.

Andrés Agredo / Bogotá, taxista - Relatos Amarillos

Ya no fumo. Ya no tomo. Ya no me emborracho. Ya no me drogo. Ya no juego. 

No, nada de eso.

Hace unos cuatro años creé el Proyecto Guerreros… Amor por el volante. La idea es que a partir de la organización de conductores de cualquier tipo se generen obras de acción social para los demás y para uno mismo. Por eso abrí el canal de YouTube; usted se mete ahí y encuentra una cantidad de videos sobre conductores; ahí mostramos lo mejor del taxismo. La intención es dar cuenta que detrás de un conductor hay un gran ser humano; por eso hacemos sopatones, arroz atollado comunitario, también entregamos mercados…

Lastimosamente uno se gana muchos enemigos… solo porque uno dice la verdad en la cara: yo insisto en que nosotros, los conductores, no somos títeres. 

Mire, la verdad es que yo no me considero taxista, yo soy más conductor. Ahorita en el taxismo lo que más hay es guerra; pues… por ejemplo, en una época se me venció la licencia y nadie me dio una mano, y por eso me tocó volver a lavar carros. Después volví a los taxis, pero, la verdad, yo me siento solo: muy muy solo. 

Andrés Agredo / Bogotá, taxista - Relatos Amarillos
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